La escena la tenía a ella lavando sus platos y a él del otro lado de la barra, descorchando el Chardonnay y contándole a ella sus planes de vida, sus proyectos y sus ideas. Él le confesaba que no le había confiado a nadie todavía sus ideas y ella le decía que le parecía bárbaro que tenga aspiraciones y ambiciones, que sino la vida es muy mediocre. Los dos reían, y mientras ella guardaba los cubiertos en su lugar, pensaba que podría vivir siempre así; con él, sus proyectos y el Chardonnay.
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