En ese momento pensé "por qué no?". Yo estaba poniendo la mesa y él en la cocina terminando de cocinar. Entonces agarré y esperándolo me senté en la cabecera. Siguieron las cenas, las noches, los besos, los mimos y un día, después de muchos meses me miró y se sentó él en la cabecera, y lo miré y me dijo "en realidad me siento siempre acá yo". Y así fue como ese día cambiamos las posiciones, nunca me iba a imaginar que los cambios iban más allá de una mesa.
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